Islandia día 9: Akranes, Þingvellir y Reykjavík

Nos levantamos un día más con el cielo nublado pero sin lluvia y, por segunda vez en este viaje, con la alegría de haber disfrutado de las auroras boreales cuando menos nos lo esperábamos.

La noche anterior pernoctamos en Akranes, ya que era el inicio de ruta del noveno día. la ciudad en sí no resalta por su atractivo, sin embargo si que alberga dos puntos de interés que hay que visitar.

El primero de ellos es su antiguo faro, de color blanco, el cual se ha convertido en uno de los atractivos turísticos más famosos del país. El faro está abierto al público y desde su parte más alta, en un día claro, nos ofrece una panorámica de toda la bahía de Reykjavík. Sin embargo, lamentablemente, durante nuestra estancia en la isla, la zona estaba en obras, ya que se estaba construyendo un nuevo parking y un visitor centre, con la finalidad de poder recibir un mayor número de visitantes. Por lo que no pudimos visitarlo.

En la actualidad aparte del faro antiguo, existe otro faro, más moderno y nuevo tecnológicamente que realiza las funciones del viejo, es también de color blanco y de líneas simples.  

Tras la visita a los faros, antes de irnos de Akranes, hicimos parada en los muelles de la ciudad para encontrar en un lugar inhóspito y algo escondido los restos de un barco de madera. No es tan famoso como el Garðar BA 64, pero sin lugar a dudas es algo singular ya que por su localización ha sido reconvertido como una “obra  de arte urbano”.

Salimos de la ciudad y nos dirigimos por la carretera 1 dirección Reykjavik, hasta encontrar el cruce de la carretera 36 que nos llevará directamente, hasta uno de los atractivos que conforman el Golden Circle (recordar que nosotros lo hemos dividido en dos etapas), y que es sin duda alguna, el  lugar más visitado de toda Islandia y a la vez el que más historia alberga: el Parque Nacional de Þingvellir.

Antes de adentrarnos en qué podremos visitar dentro del parque, explicaremos en grandes rasgos los inicios históricos de Islandia: la colonización de Islandia comenzó el 874 d.C. cuando el cacique noruego Ingólfur Arnarson, se asentó de forma permanente en la isla. Hasta el 930 d.C. la isla había sido colonizada por 400 personas, la gran mayoría de ellos eran noruegos pero también había otros nórdicos y celtas.

Desde un inicio, se crearon las Alþingi (asamblea en español) regionales, sin embargo a medida que la población crecía cabía la necesidad de crear una asamblea general que regulase toda la isla. Este hecho se llevó a cabo el año 930 d.C., en Þingvellir,  donde se reunió la primera Alþingi de Islandia, la cual hasta el 1271 se encargó de legislar y judicializar el país. Y así se fundó el primer parlamento del mundo.

Þingvellir proviene de la unión de dos palabras en el islandés “Þing” que significa parlamento y “vellir” que significa llanura, lo que si lo unimos significa la “llanura del parlamento”. En esta llanura, se reunía la Alþingi (asamblea en español) y tenía como punto central el Lögberg, en español “piedra de la ley”. Allí el poder recitaba las leyes que se habían dictaminado antes de esculpirlas en piedra. Como podréis apreciar vosotros mismos, es un lugar elevado enfocado hacia la llanura.  

En el parque nacional también se encuentra el Drekkingarhylur en islandés “piscina de los ahogamientos” es un estanque natural formado por el río Öxará. En los primeros años, también eran ejecutadas madres de hijos ilegítimos, y algunos casos de incesto y brujería.

Desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII, allí eran ahogadas las mujeres infractoras de la ley por adulterio, infanticidio o perjurio, con sacos llenos de sal atados a sus cuerpos que las arrastraban al fondo. Esta práctica estuvo legalmente hasta 1838.  

Como ya hemos comentado el río Öxará atraviesa este parque, por lo que a la parte más norte del parque podremos visitar Öxarárfoss, una cascada natural no muy caudalosa pero que sí que debido a la orografía del terreno es bastante espectacular.

Dentro del parque se halla también la Þingvallakirkja, una iglesia de blanca y tejado negro que está situada en el extremo sur del parque. Justo a su lado se encuentran tres casas con muchos antecedentes históricos, una de ellas es la residencia de verano del primer ministro de Islandia y otra se construyó en otro lugar del parque para la visita del rey Federico VIII de Dinamarca y luego fue movida justo a esta zona.

También se halla allí en un pequeño cementerio los restos de varios poetas y escritores de la lengua islandesa.

Nuestra impresión sobre Þingvellir es algo negativa, ya que el parque está muy masificado, tiene cinco áreas de aparcamiento distintas con autobuses entrando y saliendo, muchos turistas, sin poder sacar una foto correcta…. Os lo recomendamos ya que el lugar y las vistas valen la pena, no obstante, hay que ir mentalizado que pasearas por “la Rambla” de Islandia.

¡Bueno es saber! Aunque la visita al parque es gratuita, hay que pagar por aparcar, el precio es de 5,50€ por vehículo. ¡Cuidado! el parking a veces tarda unos minutos en enviaros el mail con la confirmación, no paguéis dos veces… Al gobierno le encantan las donaciones.  

Tras pasar la mañana en Þingvellir, nos dirigimos hacia el punto final de nuestro viaje, donde pasaremos el próximo día y medio que restan de nuestras vacaciones. La capital de Islandia: Reykjavík.

Como vimos que aparcar por el centro era complicado, y tras estudiarlo antes de llegar a la capital, decidimos aparcar ya nuestra camper en Reykjavík Campsite, el único camping que hay en el “centro” de la ciudad.

Una vez aparcados, nos pusimos en marcha para ver qué sorpresas nos depara la capital. El primer punto fue la visita exterior a la Hofdi House, una pequeña casa del 1909 construida para el cónsul de Francia de la época, además también fue la residencia del hombre de negocios Einar Benediktsson durante muchos años. Sin embargo, el hecho por lo que la casa destaca es porque fue el lugar elegido para la celebración de la cumbre entre Mijaíl Gorbachov, el secretario del Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos.​ El cual fue un primer paso hacia el fin de la Guerra Fría.

En vez de ir hacia el centro decidimos primero ver la bahía de la ciudad desde su paseo marítimo, ancho y 100% peatonal. En un día soleado como el que nosotros tuvimos, lo veréis lleno de islandeses tomando el sol y disfrutando del buen tiempo.

Debido Islandia y su capital tienen un bagaje histórico muy pobre, no esperéis encontrar obras arquitectónicas antiguas o edificios de otros períodos, todo lo que vais a ver es contemporáneo. Por este motivo y por la gran cantidad de muestras de arte que alberga la ciudad, se la reconoce como una de las capitales de arte contemporáneo del mundo. Una muestra de estas representaciones, es nuestro siguiente punto de la ruta. Está situado al final del paseo marítimo, y éste, es el recurso turístico más fotografiado de Islandia. Estamos hablando de la escultura Sólfarið o Sun Voyager, del escultor islandés Jon Gunnar Arnason, y en la cual se representa a una Drakar, el modelo de buques que usaban los vikingos para sus incursiones primaverales hacia otras tierras.

¡Consejo! Si la visitáis al atardecer y el día es soleado, podréis sacar instantáneas para el recuerdo, con grandes tonalidades de ocres y naranjas combinados con el azul del mar.

Ahora sí, nos adentramos hacia el centro, donde nuestra próxima parada fue otro de los recursos más famosos del país: la Hallgrímskirkja, es una iglesia de rito luterano la cual su nombre, está dedicado al poeta islandés Hallgrímur Pétursson, quien es más conocido en Islandia por sus himnos.

Aunque mucha gente la denomina la Catedral de Reykjavík, por su tamaño o apariencia pero ésta no lo es. Su torre de 74 metros de altitud nos dió la sensación de lo que parecía ser un despegue desde el mismísimo cabo cañaveral, y sus formas curvadas en su estructura, nos recordó a las columnas basálticas que vimos durante el viaje.

La visita a la iglesia es gratuita, sin embargo subir a la torre no, son 6€ por persona. Nosotros subimos y realmente nos encantó ya que pudimos ver todo el entramado de calles pequeñas y edificios que componen la ciudad, sin lugar a dudas vale la pena subir.

Justo enfrente de la catedral, nos encontramos con la estatua de Leif Eriksson “el afortunado”, un explorador vikingo considerado unos de los primeros europeos que llegó a América del Norte. La estatua fue realizada por Alexander Calder y fue un regalo de los Estados Unidos de América al pueblo islandés en 1930, como monumento conmemorativo del milenio de la creación del Alþingi, el parlamento más antiguo de Europa y uno de los más antiguos del mundo.

A partir de este momento nos dedicamos a callejear por el centro de Reykjavík, admirando las calles con sus pintorescas casas multicolor. Hay que destacar que urbanísticamente la ciudad no tiene ninguna estructuración ni plan urbanístico proyectado ya que, como vosotros mismos podréis contemplar, existe un collage de calles y casas muy distintas las unas de las otras.

Tras pasear, llegamos al Tjörnin, un pequeño lago en pleno centro de la capital muy cerca del ayuntamiento o algunos edificios importantes, como es el caso de la Fríkirkjan í Reykjavík, que en español se traduciría como “la iglesia libre de Reykjavík”, ésta es una congregación luterana independiente del estado, fundada el 1899. Su estructura de madera con paredes blancas y techo verde le da un toque de modernidad.

Un par de calles más allá del ayuntamiento, dirección mar, nos encontramos con el Alþingishúsið, sede del actual parlamento de islandia. Un edificio clásico de finales del s.XIX. Antes de ser la sede del gobierno, albergó la galería nacional de Islandia y la biblioteca nacional y universitaria.

Al lado del parlamento pudimos contemplar una de las dos catedrales que hay en la ciudad: la Dómkirkjan í Reykjavík, de rito luterano, es uno de los edificios más antiguos de la ciudad del mismo nombre y la sede del único obispo de la Iglesia de Islandia. Fue erigida a finales del s.XVIII y sufrió varias remodelaciones hasta finales del s.XIX. A nosotros nos impactó, ya que al ser un edificio tan importante dentro de la iglesia islandesa, no fuese un templo algo más “magnánimo”. Ya que hicimos un símil con la religión católica y el tamaño de su Santa Sede.

En el mismo sitio que el parlamento y la iglesia se halla la Austurvöllur, una plaza que suele ser el punto de reunión de los ciudadanos de Reykjavík en días sobre todo con sol y buen clima. Sin embargo también es un lugar de protestas por parte de la sociedad debido su proximidad con la sede del gobierno del país.

Cerca de la plaza nos encontraremos con la calle más importante de islandia el Aðalstræti, ya que está llena de ocio, bares, tiendas… y justo al lado del parque de Ingólstorg siempre animado y frecuentado por skaters.  

Con la visita a éste pequeño parque damos por finalizada la ruta de hoy. Sin embargo, antes de irnos paramos a tomarnos un pequeño tentempié, probando uno de los platos típicos de Islandia, el Hot Dog.

De este modo, nos dirigimos ya de vuelta al camping, el cual está a unos 30 minutos caminando del centro ciudad, de aquí el motivo que digamos que está en el “centro”. Sin embargo si vais en campervan, es el más cercano a la zona cerca de Reykjavík. A diferencia de otros campings, el Reykjavík Campsite está adecuado para hospedar a gran cantidad de turistas al mismo tiempo. Sin embargo sus instalaciones, dependiendo del momento del día en el que vayas, puede que o bien no encuentres sitio donde sentarte o no tengas ducha durante un rato…

Como curiosidad, en éste lugar fue donde vimos por primera vez el típico cartel de “Cuidado con tus pertenencias”. ¡Y aun así Islandia sigue siendo el país más seguro del mundo!

Continúa leyendo sobre Reykjavík e Islandia en el último post: Islandia día 10: Reykjavík.

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