Islandia día 7: Fiordos del Oeste y cascada Hraunfossar

Breiðavík, 8:30 am. Nos levantamos algo más tarde de lo habitual, después de acostarnos algo más tarde la noche anterior y con la alegría de haber visto, por primera vez y en directo, el espectáculo de las auroras boreales. Antes de hacer este viaje nos lo habíamos marcado como objetivo, así que…¡cumplido! 

Éste séptimo día de ruta, lo dedicamos en gran parte, a disfrutar de los paisajes que nos brindan los fiordos del Oeste. Por lo que, tras desayunar, nos pusimos en marcha descendiendo otra vez por la carretera de gravilla (612) desde Breiðavík hacia el este, para poder tomar el desvío hacia la carretera 62.

Como ya comentamos ayer, nuestro primer punto del día nos lo encontramos justo a un par de kilómetros de la intersección entre la carretera 612 con la 62: el Garðar BA 64, un barco pesquero, especializado en la pesca de ballenas, construido en Noruega el 1912, y que tras pasar por varios propietarios, el 1963 fue vendido a Islandia y del cual recibió su nombre actual. Según las creencias locales, éste es el barco varado más antiguo del país.

Si llegáis hasta aquí, no dudéis en parar y realizar alguna que otra fotografía, ya que la imagen de éste junto al paisaje, nos ofrece una experiencia visual única.

Seguimos por la 62 hasta alcanzar la carretera secundaria 60. Ésta rodea el fiordo pasando de una punta a otra. Como ya hemos comentado en otros posts, Islandia te ofrece rincones singulares incluso cuando estás al volante, por lo que vimos cada dos por tres coches parados en medio de la carretera intentando capturar el paisaje en aquel preciso instante. Además la región oeste, al ser una región de contrastes, escarpada e inhóspita, la posibilidad de ver paisajes únicos se ve incrementada.

Tras conducir unas tres horas, llegamos al cruce de la 60 con la carretera principal. Después de unos veinte kilómetros por la 1, tomamos el desvío hacia la carretera 50 para poder llegar a otra parada del día, la zona aguas termales de Deildartunguhver, perteneciente al pueblo de Reykholt.

El agua termal que emana del interior sale a 97 grados a la superficie, por lo que también se aprecia una central de energía geotérmica con los ya famosos tubos metálicos que siempre acompañan a este tipo de centrales.  

Aunque no paramos a realizar un baño, nosotros sí decidimos hacer una parada, ya que en el exterior se pueden ver varias fuentes de agua termal con las distintas temperaturas a las que emanan. Sin embargo, no tiene punto de comparación con el Blue Lagoon o Myvatn, aun siendo un lugar importante de baños frecuentada, por dos factores principalmente: el precio (mucho más económico que Blue Lagoon) y su localización, apenas una hora de Reykjavik.  

Justo al salir de Deildartunguhver, seguimos por la 50 dirección Reykholt, hasta encontrar en apenas un kilómetro el desvío de la carretera 518. Nos adentramos algo más hacia el centro de la isla, para visitar otro par de cascadas de alto interés natural y paisajístico.

La primera de ellas, Hraunfossar, es la única en todo el país que no proviene de un río exterior, sino que está compuesta por los distintos riachuelos de transmisión que se encuentran en el interior de la tierra y que desembocan en el río Hvítá. Tras la erupción de un volcán, un campo de lava se erigió en el lugar, creando de este modo una cascada natural con más de 90 saltos de agua distintos que brotan de la misma montaña.

Justo a su lado se encuentra, Barnafoss, la cual está constituida por una serie de rápidos que son apreciados a simple vista.

Barnafoss, que traducido al español significa “Cascada de los niños”, recibe su nombre debido al relato de una trágica leyenda que sucedió en el lugar: “El día de navidad, unos padres salieron de casa para asistir a misa, dejando solos a los dos niños en casa. Éstos, salieron a jugar junto al puente (arco natural) que se hallaba encima de la cascada, con tan mala fortuna que cayeron y murieron. Al regresar, los padres tan solo encontraron sus huellas en el puente y éste fue destruido”.

Tras esta última visita y con algunas horas de luz por delante, decidimos volver hacia la costa y dormir lo más cerca posible del primer punto de la ruta de mañana, por lo que pernoctamos en el Snorrastaðir Campsite, una tipología de camping singular, que no existe en España, o al menos no lo hemos visto nunca. Se trata de que un agricultor, el cual tiene un terreno libre sin usarlo para conrear, decide diversificar su negocio y adecuarlo para montar un campsite, pagando sus impuestos, city taxes…

Aunque las duchas eran algo básicas y obsoletas, si que tenían agua caliente. Hay que destacar que las instalaciones, un cobertizo donde antes había ganado, estaban muy bien equipadas con fogones, horno, microondas, nevera, fregadero, enchufes… y con gran cantidad de mesas que nos permitieron pasar un rato en un lugar cálido y de forma espaciosa, conociendo a gente de otros países, sin tener que estar a la intemperie mojándonos,  ya que estuvo lloviendo todo el día.

Nuestra ruta prosigue en el siguiente enlace. ¿Qué sorpresas nos deparará? Día 8: Península de Snæfellsnes y Kirkjufell

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