Islandia día 6: Akureyri, iglesias, Látrabjarg y Breiðavík

Hay regiones de Islandia en las cuales hay muy pocos atractivos turísticos; éste día era uno de ellos, por lo que nosotros lo utilizamos como día de transición, y así poder desplazarnos desde la región norte hasta los fiordos del oeste. No obstante realizar este trayecto no es fácil, ya que gran cantidad de las carreteras de los fiordos, debido a su baja densidad de población, están todavía por asfaltar por lo que este hecho añadió tiempo y kilómetros a nuestra ruta, ya que de inicio, decidimos realizar un recorrido más largo en kilómetros y evitar lo máximo posible este tipo de carreteras. Sin embargo, para llegar a Látrabjarg sí o sí (nuestro principal objetivo del día), se tiene que realizar al menos cincuenta kilómetros por vías de gravilla. Así que os aseguramos que irse de Islandia sin haber pasado por carreteras de grava es “misión imposible”.

La noche anterior reconfirmamos la ruta a seguir. Tras ver la duración del trayecto, decidimos levantarnos muy temprano para estar a primera hora en carretera. Así pues, a las siete de la mañana iniciamos camino hacia el oeste por la carretera 1 dirección Reykjavík. No obstante, antes de irnos del centro de Akureyri, hicimos una pequeña parada para sacar una instantánea de su iglesia (Akureyrarkirkja) y la impresionante escalinata que la acompaña.

Tras una hora de recorrido en coche, justo a la entrada del pueblo de Varmahlíð, tomaremos el desvío hacia la carretera 75 para llegar a nuestro primer punto del día, y así poder visitar en la población de Glaumbær, su iglesia y unas originales casas de hierba de los primeros pobladores de la isla. Estas casas, a diferencia de algunas que habíamos visto durante nuestro viaje por el sur, sí que son auténticas de la época. En cuanto a la iglesia, destacar su forma y su pequeño tamaño (apenas 20 personas cabían dentro) ya que como os podéis imaginar no tienen la misma forma y tamaño que las iglesias que solemos ver en España. Además, estuvimos de suerte, ya que en aquel preciso momento estaban a punto de iniciar una eucaristía y pudimos ver el ritual luterano en acción.

Volvimos sobre nuestros pasos hacia Varmahlíð para retomar el camino por la carretera principal dirección Reykjavik. Tras dejar el pueblo atrás, apenas dos kilómetros después, encontramos el desvío hacia nuestra siguiente visita, un edificio singular y con un gran atractivo: Víðimýrarkirkja. Esta es una iglesia de color negro que resalta todavía más debido a que su tejado está recubierto por una capa de hierba verde. Sin ningún lugar a dudas, una sorpresa en este día. Debido a que estaban haciendo misa, no pudimos acercarnos demasiado a la iglesia, por lo que nos tuvimos que conformar en verla desde el vallado exterior. 

De nuevo, emprendemos camino hacia el oeste, y tras otros cuarenta minutos de ruta llegamos al pueblo de Blönduós, importante dentro del oeste y del cual destaca su peculiar y moderna iglesia. Muy moderna, de formas curvas y toda ella pintada de gris y negro, está situada encima de un pequeño montículo desde el cual pudimos divisar todo el pueblo. A diferencia de otras iglesias del país, su cruz no está en la parte superior de su tejado, sino que la encontramos justo a su lado, de color negro y de un tamaño XXL.

Llegados a este punto, las próximas horas de ruta fueron dedicadas tan sólo a conducir por las carreteras islandesas, con el fin de llegar hasta el famoso acantilado de Látrabjarg. Fueron un total de cuatro horas por carreteras de asfalto y grava muy muy emocionantes, no sólo por la experiencia que obtiene el conductor, sino también para el copiloto el cual podrá disfrutar de magníficos paisajes: desde fiordos soleados y niebla en la cima de los acantilados, hasta un sinfín de tiempos cambiantes que generan bucólicas instantáneas.

Para llegar a los acantilados, salimos de la población de Blönduós por la carretera principal dirección Reykjavik, hasta encontrar el desvío de la carretera 60, la cual nos llevó en dirección noroeste, cruzando varios fiordos y acantilados. Como podréis comprobar esta carretera contiene ya dos tramos sin asfaltar de un total de veintiséis kilómetros, ambos tramos son similares a los puertos de montaña que existen en España, ya que cruzan los acantilados que separan un fiordo del otro. Tienen una pendiente media del 9% e incluso hay un tramo de kilómetro y medio al 15%. Por suerte no nos llovió y la grava estaba seca, con lo que no fue difícil pasar; imaginaros cómo debe ser transitar por estos tramos tan empinados con auto caravanas o vehículos como microbuses de 15 plazas. ¡Pero si ellos podían, nuestra querida campervan también!

Tras tres horas de conducción, por fin encontramos el desvío hacía Látrabjarg, un tramo de treinta y nueve kilómetros sin asfaltar comprendidos dentro de la carretera 612. En este mismo cruce, encontramos un barco abandonado, el cual visitamos el día siguiente.

Los acantilados de Látrabjarg, otro de los lugares marcados en rojo en nuestra ruta, fueron incluidos en el viaje con el fin de avistar los famosos frailecillos. Sin embargo… llegamos allí y ¡no fuimos capaces de ver ninguno! Sólo alguna gaviota escondida entre las hierbas. Nos gustaría comentaros que ver a los famosos pájaros en este lugar sólo es posible desde principios de marzo hasta mediados de agosto como máximo. Nosotros fuimos a inicios de septiembre por lo que llegamos tarde… Pero incluso con esta pequeña decepción, el lugar no defraudó, sus acantilados prácticamente verticales, resaltado por el verde en su parte superior son una maravilla de la naturaleza. ¡Y además estábamos en la punta más oeste de todo el continente europeo!

Eran las siete y media de la tarde y el sol empezaba a bajar, con lo que cogimos nuestro vehículo de nuevo y dimos marcha atrás dirección al lugar donde decidimos pernoctar. Éste, como constaba en nuestro planning, fue el pequeño pueblo de Breiðavík, más concretamente en el Hótel Breiðavík Campground, un pequeño camping propiedad del hotel y el cual tiene como su punto fuerte la zona comunitaria, ya que estaba dentro del hotel y contaba con todos los utensilios de una cocina como la que puedes tener en tu casa. Además, también podías usar el salón común (con calefacción) para cenar o tomar algo. No obstante, destacar que los baños de la zona de camping eran algo básicos y no muy limpios, por lo que necesitan una mejora urgente.

Los fiordos del oeste son una zona muy inhóspita, con lo que debido a la demanda y la poca oferta de alojamientos por la zona el camping más cercano se encuentra a dos horas de Breiðavík. El precio del camping era algo más caro de lo habitual, 2.200 ISK (16,57€) por persona. Aunque en su favor hay que comentar que tenías wifi gratuito (ya que no hay cobertura en la zona), café y agua caliente gratuita y la tasa turística, por lo que si a este lo sumas el espectacular paisaje, que se encuentra al lado de la bonita iglesia y además los servicios que se podían usar de la zona comunitaria, tampoco salía tan caro el pernoctar en este lugar.

De esta manera pues, terminaba este sexto día de ruta por Islandia, con variopintas iglesias vistas y algo más de 700 kilómetros a nuestras espaldas. Así, decidimos ir a cenar, tomarnos una cerveza en el bar del hotel y luego irnos a dormir.

Hasta que… tras entrar en nuestra campervan, vimos una “nube gris” en el cielo, que se movía muy deprisa… pero no era una nube sino que era… ¡una aurora boreal! ¡Sí! Por fin las vimos, era una noche clara sin nubes y el sol recién se había puesto (22:30h) por lo que eran muy intensas en un principio y se fueron diluyendo hasta que desaparecieron por completo por allá las 23:15 cuando la luna hizo acto de presencia. Fueron 40 minutos mágicos que se nos quedaron grabados en nuestra memoria para siempre, ya que fue una de las mejores experiencias del viaje por el lugar. ¡Sin lugar a duda, el esfuerzo y los kilómetros realizados para llegar hasta allí valieron la pena!

Si queréis saber más sobre éste fenómeno natural podéis visitar nuestro post especial sobre las auroras.

Y si queréis seguir nuestro recorrido, visitad la próxima entrada del Día 7: Fiordos del Oeste y cascada Hraunfossar.

Deja un comentario