Islandia día 2: Seljalandsfoss, avión estrellado DC-3 y Sólheimajökull

Como hemos narrado en el final del día 1, la noche anterior pernoctamos en el Árnes Campsite, a tan sólo 15 kilómetros del punto inicial de la ruta del segundo día. También podríamos haber titulado esta jornada como “el día de las cascadas” ya que visitamos más cascadas seguidas que en cualquier otro tramo del viaje.

¡Consejo! Debido a la orografía del país, existe una gran cantidad de cascadas a lo largo de toda la isla, éstas en islandés se llaman “foss” y esta palabra siempre se añade al final del nombre, por lo que al escribirlo, primero siempre va el nombre de ésta, y luego la palabra cascada.

Os recomendamos que si vais a visitar una, aunque el día sea soleado, os llevéis el chubasquero. Ya que en muchas ocasiones el viento o la propia fuerza del agua al caer os terminarán mojando.  

Así pues, el primer punto del día fue la visita a Hjalparfoss, una cascada natural formada de columnas basálticas. ¿Qué son estas columnas? Son formaciones regulares de pilares verticales con formas de prismas poligonales. Son muy comunes en islas volcánicas como la que estamos visitando. A lo largo del camino visitaremos otros lugares donde nos las volveremos a encontrar, ¡ya llegará!

Seguimos en dirección sur para tomar ya, por primera vez, la famosa Ring Road (carretera 1). Nada más tomarla, justo a su lado, nos encontramos un parking que nos obliga a parar, para visitar el siguiente punto: Urriðafoss, otra excelente cascada, que realmente nos impactó al verla por la amplitud del río, lo cual hace que el salto de agua sea el más amplio y voluminoso de la isla. 

Continuando en la carretera principal dirección este. Tras unos 40 minutos de coche, vimos de lejos la espectacular Seljalandsfoss. Un impresionante salto de agua de 60 metros, que nos mostró la fuerza de la naturaleza en estado puro. Y lo más peculiar, ¡se puede dar la vuelta a toda la cascada pasando por detrás!

Justo en el mismo acantilado, a tan solo 500 metros, se encuentra Gljúfrabúi. Esta es otra singular cascada que nos sorprendió gratamente, ya que está escondida entre un conjunto de rocas, y para entrar a verla, es necesario tomar un pequeño sendero de nada más 20 metros por encima del agua saltando de roca en roca e intentando no mojarse los pies. ¡No asustarse! El río que emana de ésta no es profundo, si nos mojamos como mucho el agua como mucho nos llegará  a la rodilla.

Para visitar ambas cascadas, como en todos las atracciones en Islandia, hay un parking habilitado. Sin embargo en éste, a diferencia de otros espacios turísticos de la isla, tendremos que pagar 800 ISK (6,25€) por estacionar.

En este día programamos la visita a un lugar único y muy famoso que nos hacía especial ilusión visitar, y que por sus características y la distancia que hay desde el aparcamiento hasta la atracción en sí, necesitábamos que el tiempo fuera soleado. Por este motivo, tras consultar la aplicación del tiempo y ver que durante las dos próximas horas se mantendría el día soleado, decidimos adelantarnos un poco en el recorrido para realizar la visita.

Estamos hablando ni más ni menos, que del avión DC-3 estrellado. Una nave de guerra, que pertenecía a las tropas norteamericanas destacadas en Islandia durante la Guerra Fría y que en noviembre del año 1973, se vio forzado a aterrizar de emergencia en la inmensa playa de Sólheimasandur, donde tras ver los daños que tenía el aparato, decidieron dejarlo allí abandonado.

Encontrar el avión, sin tener anotadas las coordenadas previamente, es muy fácil, no tiene pérdida. ¿Por qué? Primero, porque justo al lado de la carretera principal, nos encontramos con un parking con gran cantidad de vehículos aparcados. Ésta fue la primera señal inequívoca de que allí había algo de gran interés para el turista.

Una vez aparcada nuestra campervan, vimos un pequeño cartel donde te explica la historia del accidente del avión y te advierte que realizar el trayecto es casi de 4 horas, algo que no es del todo cierto ya que en unas dos horas y media (ida y vuelta, más las fotos de rigor) puedes realizarlo. Además no tiene pérdida, básicamente es ir en línea recta dirección al mar aunque parezca que vayas a adentrarte en pleno desierto.

El sendero que discurre entre el parking y el avión está perfectamente señalizado con postes naranja luminiscente a lado y lado, por lo que tras unos 50 minutos caminando (2,8 km), encontramos el premio. Un avión plateado, sin alas, morro ni cola posado en medio de una inmensa y desértica playa de arena negra.

La caminata es plana y sin dificultad alguna. No obstante, si el viento sopla como el día que nosotros hicimos el recorrido, puede hacerse algo dura, ya que dependiendo de su fuerza, te impide caminar con normalidad. El camino en sí vale la pena; no por el paisaje que ves durante el recorrido, ya que es muy monótono, sino por la imagen que se nos quedó grabada en la retina al ver que de repente que de la nada, se vislumbraba la silueta de este aeroplano.

Como ya os hemos comentado anteriormente, adelantamos nuestra visita al avión por si el tiempo decidía cambiar.

Por esta razón, tuvimos que tomar la carretera 1 en dirección contraria al sentido de nuestro viaje y recular apenas 5 kilómetros, para visitar otro de los puntos que teníamos marcados en la ruta del día: Skógafoss, otra excepcional cascada con un salto de agua de casi 60 metros y algo más caudalosa que Seljalandsfoss. Justo al lado de la cascada discurre una pequeña escalinata colina arriba, la cual nos permitió ver el transcurso del río antes de que éste, se precipite por la cascada.

El nombre de esta cascada proviene del lugar donde está ubicada, el pueblo de Skogar. En él también se encuentra localizado otro atractivo de interés, el Skogar Museum, un museo temático sobre el patrimonio cultural islandés, donde se incluye varios ejemplos arquitectónicos de la historia del país. Si lo nombramos en el post, es porque allí podremos ver por primera vez las típicas casas y edificios recubiertos de hierba, muy característicos en la isla entre en el siglo X – XIII (¡aunque son sólo una reproducción, no son las originales!).

No hace falta entrar en el museo, desde fuera podréis verlas perfectamente y tomar imágenes como esta. Sin embargo, si vais justos de tiempo, podéis omitir este punto ya que en el norte de la isla veremos estas construcciones nuevamente, en esta ocasión, sí que serán reales y no réplicas.

Retomamos el sentido correcto de nuestro viaje a través de la carretera 1 dirección a Vík (este), y nada más pasar un pequeño puente nos encontramos con un desvío hacia la izquierda, para tomar la carretera 221, la que tras 5 kilómetros, nos conducirá hasta el parking del siguiente recurso: Sólheimajökull. Éste es el cuarto glaciar más grande de Islandia y una maravilla para la vista, depende de la luz del día puedes llegar a ver colores turquesa, azules oscuros o magentas.

Durante la preparación de nuestro viaje, vimos instantáneas de algunas personas que habían contratado una caminata por dentro el glaciar. Tras estudiarlo, lo descartamos por dos motivos principalmente: el primero de ellos fue por la gran cantidad de tiempo que requiere la actividad, ya que la excursión duraba 4 horas, por lo que nos restringía el resto del día y podía ser que no llegásemos a ver todos los lugares que previamente habíamos programado.

El segundo motivo, como os podréis imaginar, es el económico, el precio se disparaba, estuvimos mirándolo y costaba unos 180€ por persona.   

Con la visita al glaciar, dimos por concluida la ruta del segundo día, con lo que ahora tocaba decidir dónde pernoctar. Tras una valoración, decidimos pasar la noche al Vík Campsite (a 22 kilómetros  del glaciar). De este modo, aprovechamos la ocasión para dormir en un pueblo importante para realizar algunas compras en el supermercado.

El camping en sí nos sorprendió gratamente, ya que por el precio que pagamos 1250 ISK por persona(9,80€) estaba muy bien acondicionado y cuidado.

El precio incluía Wifi y una salón cerrado (¡resguardado del tiempo!) con muchas mesas, fogones eléctricos, microondas, hervidor de agua… Además disponía de lavadora y secadora, por tan solo 500 ISK (3,90€).

En cuanto a los baños, estaban haciendo reformas, por lo que las duchas de agua caliente, eran gratuitas para los chicos, ya que las instalaciones eran antiguas; y las chicas pagaban 200 ISK (1,60€) por una ducha caliente de 5 minutos.

Destacar que es la única vez, que tuvimos que pagar por un baño con agua caliente en todo el viaje; en parte porque las duchas eran nuevas y modernas (según Anna, ¡fueron las mejores duchas que se encontró durante todo el viaje!).

A pesar de que hoy, a diferencia de ayer, nos vamos a dormir con un cielo claro y estrellado, todavía no hay rastro de las auroras boreales ¿Algún día las llegaremos a ver?

¡Bueno es saber! Si tras dos o tres días en la isla notáis pesadez en los ojos, malestar y sobretodo jaquecas… No os preocupéis, estos síntomas son bastante frecuentes entre los turistas. ¿A qué se debe? Principalmente a los constantes cambios de presiones atmosféricas y condiciones climatológicas. Nuestro cuerpo no está acostumbrado y necesitará unos cuatro días para aclimatarse.

Nuestra ruta prosigue en el siguiente post: Día 3: Vík, Dyrhólaey, Reynisdrangar y Fjaðrárgljúfur.

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